Seguidores

viernes, 2 de febrero de 2018

Crecer es una trampa.

Estoy leyendo un libro que me regalaron por mi cumpleaños el año pasado y que, irónicamente, se titula "El regalo", del autor Eloy Moreno, y qué grato me resulta admitir que ciertamente ha sido todo un regalo. En él, entre unas cosas y otras (no quiero hacer muchos spoilers), te presentan una filosofía de vida muy simple y clara: valora lo que realmente es importante, lucha por lo que quieres, porque no tiene sentido dedicar toda tu vida a algo que no te gusta y que, en resumen, no te deja vivir. 

No sé por qué estoy escribiendo. Uso este blog como último recurso siempre que necesito expresar algo que no puedo expresar de ninguna otra manera, o en ningún otro lugar, o con -francamente- ninguna persona. Así que aquí estoy, enfrentándome a la incipiente fiebre que se está apoderando de mi cuerpo un viernes cerca de medianoche, frente al ordenador, con una entrada en blanco. ¿Qué os iba yo a contar...?

Ah, sí, que crecer es una trampa. Bueno, la verdad es que no lo sé porque no he terminado de crecer (¿en algún momento se deja de crecer?), en el sentido de madurar, de aprender, de hacerse mayor. Pero, desde luego, si algo sé es que yo hace unos cuantos añitos no le daba tantas vueltas a las cosas, no le daba tantas vueltas a la vida. Todo estaba quieto, el mundo era estático y lo único que podía girar eran columpios, juguetes, o como mucho sacar buenas notas en el cole (menudo drama...) Y es curioso porque, una persona (a la que aprecio mucho, por cierto), me dijo el año pasado: "tienes que darle una vuelta a tu vida", y me resultó gracioso porque para mí todo ya giraba, y demasiado rápido, y era yo la que no podía ir a tantas revoluciones (y emociones) por... ¿segundo, minuto, día?

O quizá eso creía.

Crecer es un juego un poco raro. Es estar en un bosque exótico, de exuberante vegetación, con cambios bruscos de temperatura, con mucho que explorar y que, por la noche, se vuelve lúgubre y tenebroso y, aunque sabes que por el día te reconforta en cierta medida, de repente te da mucho miedo. Y resulta que sólo puedes avanzar con cuerdas y lianas, pero no tienes ni idea de dónde cuelgan esas lianas. Así que intentas avanzar. Y pueden pasar varias cosas: que cojas la cuerda correcta o que no, y que en este caso se parta en dos y te des de bruces contra el suelo (por no decir que te llevas una buena host**). Pero bueno, sigue habiendo lianas, por lo que te recuperas un poco del golpe y sigues avanzando y, aunque te vuelves a caer más veces, te vas acostumbrando, y los golpes duelen menos porque ya vas controlando cómo caer.

Y entonces, en alguna ocasión, desafortunadamente (o no), al agarrar una cuerda accionas una trampa y quedas atrapado, sin saber cómo salir, y también sin tener ni idea de cómo has llegado hasta ahí. Y te entra el pánico porque no ves a nadie más en el bosque para pedir ayuda, y se va a hacer de noche, y tú quieres seguir avanzando.

Y bueno, el estrés, la ansiedad... Esas cosas.


Joder, ¿nadie ha hecho un mapa del puto bosque? ¿Nadie ha llegado al final todavía? ¿Y por qué es un bosque, y no una playa?

Bueno, mis paranoias mentales. Welcome to the jungle.