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miércoles, 30 de agosto de 2017

Inefabilidad.

  Cuesta mucho empezar a escribir una entrada después de haberle puesto un título así pero, en efecto, aquí estoy una vez más para hablar de cosas intrascendentes y sinsentidos que, cómo no, se relacionan con lo inefable. ¿Y qué es lo inefable?

 adjetivo
[cosa] Que no puede ser dicho, explicado o descrito con palabras, generalmente por tener cualidades excelsas o por ser muy sutil o difuso.

  Jo, pues sí que me acabo de meter en un berenjenal.

   Hace ya un tiempo que me obsesioné con intentar llegar a la gente a través de las palabras, intentando calar en los sentimientos de los demás con tan solo escribir unos versos o con letras de canciones. Cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que es mucho más difícil de lo que parece. ¿Cómo puedes plasmar algo que no sabes explicar, que es etéreo, indescriptible, indefinido? Pues igual no se puede, y por eso existen tantos adjetivos abstractos que, en realidad, hacen referencia a lo mismo: los sentimientos. 

   Un par de semanas atrás viví unos días un tanto intensos en el campamento que mencioné en la entrada anterior, y me ha llevado un tiempo poner en orden mis pensamientos y decidir que ya he vuelto a la vida real y que, por muy bien y muy a gusto que estuviera en ese sitio alejado del mundo y perdido en un pinar de Soria, hay que aceptar que lo que soy, lo que hago y, en definitiva, mi rutina, están aquí, y todo ello es un poco más triste. Y no sé cómo me siento al respecto. Cuando algo te gusta y te hace sentir bien, duele que se acabe. Y supongo que eso es vivir: acostumbrarse a que, efectivmente, lo bueno, si breve, dos veces bueno, pero que hay que seguir adelante. Ay, que ya estoy empezando a divagar...

   Y con todo esto yo quería llegar a que, a veces, la felicidad es un poco más tangible y se deja ver, y la inefabilidad se enfada y dice: "pero tía, ¡déjame volver a ser protagonista!", así que se mezcla un poquito el saber que estás feliz con el no entender muy bien porqué. Pero ni siquiera hay tiempo para darle importancia, porque, ya que estás haciendo algo bien (porque algo debes estar haciendo bien para sentirte así), mejor no darle vueltas. Y por eso, he reflexionado sobre que, a veces, ese sentimiento de plenitud inexpresable, tiene que ver con cómo construyes tu entorno. Conoces personas que te hacen sacar tu lado positivo, o tu motivación, haces cosas que te llenan, descubres que tienes algunos sueños que te gustaría cumplir, te pones metas, objetivos. Y sin comerlo ni beberlo, empiezas a creer que tu yo interior derrotado y roto en mil pedazos se está empezando a recomponer, a renacer, y a recoger esos trocitos de si mismo que había ido dejando por el camino, por si acaso algún día decidía volver. Y vaya si está volviendo. 

   Y eso es lo inefable. Volver a nacer. Volver a respirar, incluso cuando en realidad nunca habías dejado de hacerlo. Inefable es sentarse un momento a escribir sobre lo que está pasando en tu cabeza y decir: "¿qué narices es esto?", inefable es un abrazo que seguramente nunca vuelva a envolverte, pero que en tu memoria sigue dándote calor (y paz), inefables son las lágrimas que enjugan tus ojos cuando los recuerdos bombardean tu mente y cometen un atentado contra tu estabilidad emocional. Inefable es una canción, pero también lo es lo que provoca. Inefables son las risas de delfín, las puestas de sol coloreadas de rosa y las estrellas fugaces mientras gritamos a pleno pulmón. Inefable es estar aquí, a media noche, sin saber muy bien lo que estoy haciendo.

   Inefable soy yo. Y todos vosotros. Y todo esto. Y me parece increíble. 


   Os voy a colar una foto que hice en Londres porque es una ciudad a la que tengo especial cariño, (y porque también es bastante inefable).


miércoles, 2 de agosto de 2017

¿Cuál es tu objetivo en la vida?

   Hay una pregunta que lleva rondando en mi cabeza un año (justamente), desde que fui a un campamento de música (Rock Camp), en agosto de 2016. Nada más llegar un monitor nos formuló uno a uno la siguiente cuestión: "¿Cuál es tu objetivo en la vida?", a lo que yo contesté, con toda seguridad, que quería ser feliz. Cuál fue mi sorpresa cuando el susodicho monitor me dijo que esa respuesta no le valía.
    Y a día de hoy, cuando ha pasado un año, todavía me sigo preguntado que cuál es entonces mi objetivo en esta vida. Le he dado muchas vueltas (todas las que he podido darle durante 12 meses), u sigo sin tener muy claro qué respondería si me volviesen a lanzar la pregunta. Y mi dilema viene aquí: ¿por qué la respuesta de que "quiero ser feliz" es inválida? Por si las moscas, también le he dado varias vueltas. Y, jolín, qué mareo de dar tantas vueltas. En círculos, por si lo dudabais.
    Mi conclusión es que no tengo conclusión. Me gustaría pensar que tengo otras metas, ya sean a largo o corto plazo, que quiero cumplir unos sueños y que tengo unas ambiciones. Pero, sin embargo, es algo que desde hace un tiempo no funciona así en mí. Cualquier atisbo de motivación sería bienvenido, esa es la realidad. Escribo en un blog sobre una pregunta banal que me hicieron hace un año y que para mí se ha convertido en toda una incógnita. Así que, bueno, quizá mi objetivo en esta vida sea descifrar por qué me da tanto miedo que me pregunten cuál es mi objetivo. ¿Tengo que tener un objetivo? Quizás ese sea el objetivo: tener un objetivo (me perdonen por la paranoia).
    Lo que sí tengo claro es que quizá eso de dar por hecho que ya somos felices me chirría. Puede que sea así de fácil, o puede que no. Sería meternos en otro berenjenal, porque... ¿Qué es la felicidad? (me da para otra entrada perfectamente igual de paranoica y estúpidamente existencial). No voy a mentir: ser feliz sigue siendo para mí un objetivo. Después de un año, y probablemente para siempre. La sencillez de esa respuesta radica en que he de encontrar algo que me llene, que me haga sentir viva, que me ayude a encontrarme y me sitúe por fin en este lugar llamado mundo. Desafortunada o afortunadamente (según se mire), no tengo esa suerte de tener ese "algo". Así pues, lo siento mucho, pero sí, mi objetivo sigue siendo ser feliz, a toda costa, y cueste lo que cueste. Todo lo demás es secundario. Cumplir sueños y metas por supuesto que se relaciona, pero supongo que para ello primero he de tener esos sueños y metas. Y no puedo tenerlos (por sorprendente que parezca), si no disfruto de una felicidad plena (wow), en muchos aspectos de mi vida.

    Vamos, que tengo que llamar a un diseñador de interiores bueno para que amueble bien mi cabeza.

    Me siento pequeñita y vacía al darme cuenta de que me siento incapaz de encontrar otra respuesta. Esta es mi respuesta. Después de darle, reitero, incontables vueltas, reflexionar profunda y desesperadamente, con un afán de hallar cualquier otra solución más... ¿Convincente? Pues toma justificación. 

   Con esto, me queda dar las gracias a la persona que me formuló esta pregunta (Abarca, por si lees esto), y a lo que en general supuso ese campamento para mí. Aprendes a base de experiencias, según dicen. También empiezas a conocerte, a formar tu persona. Para terminar esto sólo puedo decir que la música es uno de esos "algos" que me hacen feliz. No puedo añadir más.